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| David, Laura y Alex en el Bar Reforma (Cholula) |
Platicamos un poco de todo, como suele ser común en la amistad (como dice un poema de Gil de Biedma, "nosotros encendíamos palabras"), al abrigo del Bar Reforma, que conserva intacto su sabor kitsch, su historia cholulteca.
Pues bien, hablamos, cómo no, de cómo va la educación en Francia. Y Laura y David me dijeron que hay un problema horrible en el mundo del trabajo porque el sistema escolar entrena a los franceses, desde temprano, en la especialización más cruda y les aleja de su capacidad de comunicarse, de relacionarse con otras áreas del conocimiento, de leer y escribir incluso los textos de su propia especialidad. Hablaban de eso como de un gran fracaso cultural, se ve que les dolía. Y cuando les platiqué de las clases que doy no daban crédito. David me dijo: "eso... eso es lo que Francia necesita... clases de redacción para todos los universitarios!! Allá no existen!".
Irónico, ¿verdad? Aquí, en México, muchos alumnos sienten que mi materia sale sobrando en su formación y sueñan con esa especialización técnica pura y dura que, según mis nuevos amigos parisinos, les convertiría con el tiempo en profesionales aislados, limitados, frustrados.
